“Abrir mis breves manos ampliamente”, de Emily Dickinson

Pocas poetas tan personales y tan verdaderas como Emily Dickinson. El lector que por primera vez se asoma a sus versos puede experimentar el mismo rechazo que sintieron sus contemporáneos y que la obligó a permanecer inédita. Emily Dickinson escribe como nadie había escrito antes y como pocos se atrevieron a escribir después. Le gusta poner a prueba a los lectores. Parece esconderse tras la sintaxis y la muy peculiar ortografía y puntuación. Pero vale la pena superar la inicial impresión de extrañeza. La soledad sonora de sus versos, su lúcida y deslumbradora melodía, nunca la habíamos oído antes, nunca querremos dejar de escucharla.

Emily Dickinson (Massachussets, 1830-1886), aunque apenas salió de su entorno familiar en Amherst, fue una poeta de amplias lecturas y muy consciente de la singular personalidad de su arte, a pesar de los rechazos que recibió en vida y que la hicieron recelar de los editores. Entre 1858 y 1864, reunió los más de mil poemas que hasta entonces tenía escritos en cuarenta fascículos cosidos por sus propias manos; otros setecientos se conservan en hojas sueltas. En sus últimos años, se dedicó a enviar los que consideraba más acabados a distintos corresponsales. La primera edición en libro de sus poemas apareció en 1890. Desde entonces no ha dejado de ser publicada y traducida a todas las lenguas del mundo.

ISBN 978-84-122870-9-7 / PVP 15,00€ / 148 págs. / ed. bilingüe inglés-castellano / THEMA DCF – Poesía