Lecturas

José Manuel Feito 

Presentación de

LÍNEA ROJA

de José Luis García Martín

JLGM en el café comercial

José Lis García Martín en el café comercial

“¿Quién no escribió, o inició, alguna vez un diario huyendo de la soledad?”, podríamos decir, parafraseando a Mari Trini. Es lo primero que se me viene a la mente cuando hojeo un diario, aquí uno más de esta secuencia iniciada por José Luis García Martín en Días de 1989 y que llega al décimo tercer título con Línea roja.

Uno de los primeros libros que leyeron los jóvenes de los años 60 se titulaba precisamente Diario de Daniel, titulado Amor, del escritor francés Michel Quoist. Contaba las vicisitudes de un joven quinceañero y a la par iba desgranando sus reflexiones sobre los aconteceres del diario quehacer, como cuando pega en la página del día 28 de octubre un recorte de prensa que hablaba de los 275 mil millones dólares oro que costó la Segunda Guerra Mundial, lo que se hubiera hecho con ellos y para qué sirvieron…

El diario es un género muy empleado por escritores y artistas y es donde esconden muchos de ellos lo más recóndito de su vida, unas veces abiertamente insinuado, otras veces convenientemente escondido, pero a menudo no tanto que no se deje ver, siempre en tanto en cuanto pueda interesar al gran público. Baste recordar los diarios de Ana Frank, de André Gide, de Julien Green, de Fran Kafka, los del mismo Jovellanos… etc., todos ellos un mundo de noticias para la historia, para la geografía, para la filosofía e historia del pensamiento que acaso no hayamos aprovechado en toda su amplitud e interés. Son como el ojo de la cerradura que nos permite ver algunas intimidades de la alcoba y de la sala. Parientes próximos de los Diarios son las Memorias, los Epistolarios,  etc.

Hoy tenemos en Línea roja de José Luis García Martín, uno más. Algunos de los diarios anteriores, o al menos, algunos capítulos de ellos, sin duda muchos de nosotros ya hemos tenido ocasión de leerlos en la prensa. Cuando Armando Arias me habló de la presentación no conocía el libro. Hace dos días que lo estoy leyendo. Vi en la prensa el anuncio de este acto y me alegré de no verme como presentador, ya que seguramente más de uno pensaría con muy buen criterio ¡qué más presentación necesita José Luis García Martín que su nombre únicamente, sin más apoyatura! Por tanto ese fue un acierto. No obstante una vez aquí esta tarde para mí es una satisfacción poder tenerte de nuevo entre nosotros.

Mi misión por tanto va a ser la de acompañante, amigo, y lector que reflexiona no todo lo que hubiera deseado por falta de tiempo, de lector que pregunta, indaga, y trata de aclarar y de que él nos aclare algunos puntos de su Línea roja, porque así, al sentirse como él se siente, un avilesino más, podremos conocerlo un poco mejor.

José Luis nació para leer, para escribir, para debatir, para llevar la contraria, para observar, para reflexionar y para opinar sobre todo lo humano y lo divino, tengo constancia de ello. Y no solo sobre literatura sino sobre cine, ópera, política, etc. etc., se puede decir de él con más razón que de nadie el conocido dicho de Terencio que “nada humano, por mi cuenta añado, ni divino, le es ajeno”. Porque finalmente recogiendo con su iPoint paisajes urbanos o rurales, marítimos o industriales va escribiendo y publicado gráficamente en su blog o facebook  y a menudo en la prensa, el mensaje que la luz en aquel momento le brinda, la luz que aunque ya ab initio fue creada después de la palabra también tiene su lenguaje que hay que saber interpretar y sobre todo recibir y plasmar.

No quiero alargarme mucho. Me hubiera gustado repasar viejos tiempos, lejana correspondencia epistolar, tratándonos de usted, recordar aquellos primeros pasos con el grupo Hydra (1976), Cuadernos de cristal, y Jueves literarios con el premio Ana de Valle del que José Luis fue el primer moderador teniendo como interlocutores a José Hierro, a Enrique Molina Campos  y a Luis Antonio de Villena un 24 de octubre de 1980 en la antigua casa de Cultura de la Calle Jovellanos, que para los que en aquel entonces andábamos metidos entre las letras y el barro guarda tantos recuerdos. Aquel acto cultural lo recogió luego en el n.º XI de Jugar con fuego en un trabajo firmado por su heterónimo Bernardo Delgado y titulado “Papel mojado”. Creo que se puede considerar, si no el primero, sí un a modo de prólogo de todos sus diarios, más que un coloquio. Lo componen 85 cuadros. El primero empieza hablando de Extremadura, desfilan amigos, Eugenio Bueno, personajes: Carlos de la Rica y ciudades: Béjar, Plasencia Coímbra ¿cómo no?, Coímbra, Cuenca, Córdoba… para terminar después de 26 páginas de apretada letra en la calle de Rivero tras una reunión de Jueves literario. Podría leer aquí trozos de Papel Mojado y veríamos que en realidad no son más que retazos de un diario. Y así se afirma en la penúltima página: “La sección central… de ‘Papel mojado’ finge ser un conjunto de páginas de un diario. De un diario tuyo, amigo Alfonso. Esta misma conversación me viene muy bien para cerrar esas páginas. La escribiré en cuanto llegue a casa… y ¿qué cuento yo en ese diario?”, etc. De su vida por entonces habla a grandes zancadas en Línea roja, un martes día 15 de diciembre del año 2009 antes de la lectura de poemas en la casa de Cultura de Avilés, lectura organizada por la incombustible Mariam Suárez… “Hace cincuenta años que vine a vivir a Avilés (1959) hace 38 que publiqué el primer libro y di mi primera clase, (1970) hace 30 que empezó la tertulia de los viernes (1979) y los miércoles y ahora acaso todos los días… Así me hago la ilusión de que el tiempo no pasa. Pero pasa y se va llevando amigos y enemigos… Tomo un café solitario y amargo…” (p. 82).

Llegaron luego las tertulias a las que alude, una de ellas en casa de Ana de Valle, Jueves literario, y José Luis se marcha para Oviedo, pero no olvida su Avilés.

Si quisiera decir en dos palabras mi primer contacto con él fue cuando cayó en mis manos el poemario Marineros perdidos en los puertos. Me pareció y me sigue pareciendo un poemario soberbio, hermosos sonetos. Le escribí –no sabía quién era–, me contestó, cosa que se estila hoy poco entre la gente. Luego vinieron las revistas Jugar con fuego, que me facilitaba un compañero profesor del San Fernando, y así un sinfín de encuentros hasta los últimos con poesía en Valdediós, donde, tras la presentación de Mecánica celeste, el 10.º poemario de dicho círculo, me dio la palabra para escandalizar acaso un tanto con mis versos al auditorio, cumpliendo así con el deber de recitación que no pude haber tenido el año anterior con Tempus fugit debido a una visita inesperada al Hospital. Por tanto hace muchos años que de una forma u otra, nos hemos venido viendo o escribiendo, intercambiando impresiones y palabras…

Me desorientaron al principio aquellos nombres de Jugar con fuego: Pedro Tordasens, Alfonso Sanz Echevarría, Luigi Durutti, Bernardo Delgado, que aparecen ya desde el primer número de 1975. Luego al fin se supo que eran heterónimos del mismo autor, no en vano la lectura de Pessoa le acompañó desde muy siempre. También aquí de algún modo cabrían aquellos versos de Borges: “Yo que tantos hombres he sido no he sido nunca aquel…”.

Hubo una primera antología publicada a ciclostil con retrato del autor barbado, Antología mínima 1972-82, una docena de páginas, presentada en la Casa de Cultura de Jovellanos; de nuevo siguió Jugar con fuego y luego libros, libros, poemarios, antologías…

Una primera impresión que me ha causado la rápida lectura de este último diario Línea roja, es que, lo mismo que la novela de Julio Cortázar, Rayuela, una novela que se puede empezar por cualquier capítulo y saltarse a cualquier otro, estos diarios donde el tiempo parece que no pesa puede someterse a la misma prueba abriendo cualquier apartado y seguir en cualquier otro. Son las primera palabras del libro: “Abra usted al azar por tres páginas distintas…”.

Posiblemente en esas tres páginas abiertas al azar se podrían encontrar también las tres partes en las que Cortázar divide la novela y que denomina lugares “del lado de acá”, lugares “del lado de allá”, y “de otros lados”. Curiosamente con parecidos títulos empezó una trilogía dramática nuestro dramaturgo avilesino Rafael Suárez Solís en Cuba, titulando el primer tomo: Comedias de aquí (Cuba), Comedias de allí (Avilés) y  Comedias de allá… cuyo contenido desconozco. Y José Luis, lo mismo que Oliveira el protagonista de Rayuela, recorre París, y peregrina coleccionando amaneceres, dice en algún sitio, situaciones, personas, vivencias, cuentos, historias, etc., la ciudad de Oviedo, sobre todo Oviedo, Venecia, Nápoles, Nueva York, Ginebra, Coímbra ¿cómo no?, algo menos Avilés y algunas más. Oliveira recorriendo las calles presencia accidentes. Empieza a lloviznar y continua con sus melancólicas cavilaciones… para, en un momento dado, reunirse en el Club de la Serpiente a discutir de literatura. José Luis tiene y se detiene en varios clubs o tertulias a los que es adicto donde no solo la literatura sino que tienen cabida otros muchos temas.

En Línea roja da la sensación de que el tiempo en ella tiene poco peso, (dice en la p. 82: “Soy un hombre rutinario…. Así me hago la ilusión de que el tiempo no pasa. Pero pasa…”. Sin embargo lo que sí tiene peso y cabida es el espacio, el ir de un sitio para otro en continua peregrinación poética. El tiempo en este diario sirve solo de paisaje. Acaba de decirnos: Parece que no pasa…, y esto me recuerda siguiendo la novela de Cortázar, el juego del que tomó el título: la rayuela, que en literatura tiene su representación gráfica en el laberinto de letras: y consiste en distribuir una frase de modo que se pueda leer en todas direcciones sin salirnos de la página, tal como sucede con el famoso laberinto de don Silo. “Silo princeps fecit”, sito en la iglesia de Santianes de Pravia, o el que había en la iglesia de San Francisco sobre la Purísima que partiendo de una M letra central se podía leer en cualquier dirección la misma jaculatoria. Algo de esto debió de pensar Cortázar cuando quiso titular su novela Mandala. Lo que sucede es que en el laberinto se sustituyen los círculos o figuras geométricas por palabras o por un mandala o frase mística. Pues bien leer Línea roja lo mismo da que se empiece por el medio, por el final que por el comienzo, siempre andarán en danza situaciones pintorescas vividas o soñadas, personajes de carne y hueso o acaso imaginados y hasta fantasmas. Esta es la primera impresión y él nos dirá si tiene alguna semejanza.

En segundo lugar (no me dio tiempo a una lectura más sosegada) pero encuentro en su deambular por lugares de aquí y de más allá, monasterios, conventos, abadías que evocan como un eco becqueriano y podría decir que hasta de algún modo romántico y decimonónico, monjes, la celda ambicionada de uno de ellos cerca de la Universidad de Oviedo, incluso su afición por las bibliotecas un tema este acariciado y casi vivido por José Luis y que nos lleva a otra novela, El nombre de la rosa. La misma portada del libro es por lo visto la puerta de una biblioteca… Por tanto esto me hizo pensar que lo mismo que en La aldea perdida de Palacio Valdés a Plutón, no el dios aunque tenga referencia a él, sino el cruel minero de Laviana, el novelista lo hace nacer en la mina de Arnao ¿Dónde si no?, José Luis tenía que haber venido al mundo en una biblioteca. Y luego el viajar de ciudad en ciudad con sus esquemas o síntesis de novela o cuento en cada esquina y sus atinadas descripciones en las que a menudo se puede ver la torre de una iglesia al fondo y hasta escuchar tañer una campana, como acostumbran a verse en algunos cuadros de pintores de paisajes rurales  o dibujos de ciudades medievales.

Un tercer tema en un diario es el mundo interior, las vivencias eso que se llaman secretos inconfesables… Pero hay que preguntarse si esos son secretos una vez que se sacan a la luz incluso como inconfesables, como cuando dice en la p. 15 Todos llevamos dentro, encerrado con cien candados, un monstruo”. (p. 78). Alardea de que le gustan los elogios, la alabanza, el buen nombre ¿a quién no? pero él no lo disimula. ¿Pero esto es un defecto o es una virtud? Porque reconocerse con ese, vamos a llamarlo –iba a decir pecado- con ese defecto y confesarlo ¿no es acaso ya una virtud? Es admirable su fascinación por los libros, el olor a libro nuevo, con el café muy cerca, en un tiempo en el que parece que la informática lo está devorando todo y quiere acaparar el campo del papel José Luis sigue impertérritamente aferrado al libro impreso. Este mismo libro maravillosamente impreso, sin una falta de ortografía y fuertemente encuadernado denota el mimo con que cuida hoy, que tanta basura bibliográfica aparece cada día, sus publicaciones. Ya llamaban la atención aquellos cuadernos de Jugar con fuego, con aquella tan hermosamente impresión y algunos con tanto cuidado ilustrados con viejos grabados.

No quiero alargarme más.  Me parece más interesante entrar en un coloquio de preguntas y respuestas en un intercambio de pareceres sobre lo dicho ya que hubiera sido más interesante que cada uno hubiera leído el libro y  diera su opinión. Es que además sé positivamente que es lo que le agradaría a José Luis. Ahora solo me queda tender la alfombra roja y darle paso por la línea roja.  Hay un elemento que aparece en cada página y que echo muy de menos aquí en esta presentación, y es que, ya que él siempre que abre un libro tiene delante en su mesa de bar una taza de café, haberla tenido aquí hubiera sido un acierto y complemento en esta presentación.

José Manuel Feito

Aula de Cultura de La Voz de Avilés.

Centro de Servicios Universitarios de Avilés,

26 Noviembre 2013 (20.15 h)

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